jonás
fadrique
   
     

 

   
ZOZOBRA, 2015
video-intallation 27’’
bicanal, blanc et noire, color and sound
dimension variables
     

 

 

 

 

Toma de tierra

«No existe ninguna otra parte. Ahora todos estamos aquí».
_Pier Paolo Pasolini

«Lo que necesita el mundo, o mejor dicho, lo que precisa nuestra civilización,
no es expansión ni crecimiento: es intensidad».
_Jorge Riechmann

«Dai diamanti non nasce niente 
dal letame nascono i fior».

_Fabrizio de André

 

Jonás Fadrique no quiere viajar a Marte.


Esto, que aparenta una perogrullada o una simpleza, no lo es tanto si nos hemos dejado interpelar por la obra de Jorge Riechmann , en la que el autor explora algunos de los impulsos falsamente prometeicos que se esconden tras el deseo -nada minoritario- de escapar de este mundo y encontrar otros donde asentarnos, nosotros y nuestra ‘civilización’.


Marte es el planeta rojo, sí, pero quizá también la representación de un lugar, cualquier lugar ahí afuera, donde poder eludir nuestros miedos, ansiedades y excesos y, también, sus consecuencias. Donde olvidar el fracaso y la pérdida.


No querer viajar a Marte no es fácil. Porque implica aceptar Esto.


Todo Esto.


Asumir la propia mortalidad, por ejemplo, y la de los seres que amamos. Aceptar la falibilidad, el error y el fracaso que cada día nos despierta a la mañana o se acuesta con nosotros. Los deseos frustrados y los que seguirán probablemente siéndolo, salvo que todo cambie mucho.


Aceptar, también, la dureza del tránsito. Afrontar la decadencia. Y amar las historias que ésta esconde. Asumir la fragilidad. Y el temor.


Creo que Jonás no quiere huir. No le he preguntado, pero estoy casi seguro de ello. Se enfada, claro. Y ruge y se debate, indignado. Y sufre. Pero aún así, no parece querer huir. En lugar de ello, batalla. Trata de ganar en intensidad. Procura profundizar, entender.


Y hace lo propio con nosotros, cuando nos invita a acompañarle en su trabajo.


La mala noticia es que ésta no es una invitación para un plan amable o sencillo. Quizá al contrario. Requiere escuchar difíciles silencios. Evitar la tentación de huir ante una realidad poco confortable. Salir de nuestro círculo de confianza, ese lugar que hemos construido con nuestras ideas, creencias, gustos y pequeñas certezas –tan a menudo poco fiables-.


El trabajo de Jonás parece a veces querer gritarnos ¡basta, hasta aquí hemos llegado! No hace concesiones ni soslaya la crudeza, aunque tampoco se recrea en ella. No intenta resultar hermoso, al menos no bajo estándares más o menos convencionales.


Al revés. Él parece luchar para que, en todo caso, nos sumerjamos para buscar significados. También en lugares inhóspitos, en objetos descartados, en sonidos ásperos, en ritmos y tiempos tan inhabituales que nos causan extrañamiento o desasosiego y nos hacen removernos, incómodos.


Tomar tierra en lugar de viajar a Marte.


Jonás parece querer decirnos que la clave está en intentarlo, en no huir ni desistir. En atravesar el malestar -¿alquimizarlo de algún modo?- y tratar de llegar al otro lado. Porque allí, posiblemente, haya algo para descubrir o recobrar.


O tal vez no, quién sabe.


Quizá el otro lado siempre fue éste, y ya estábamos allí.


Aquí.

 

Javier García Fernández

 

 

   
Riechmann, J. (2004) Gente que no quiere viajar a Marte. Ensayos sobre ecología, ética y autolimitación [Trilogía de la autocontención].  

 

 

 

 

   
ZOZOBRA,Sala Teatro Calderón, 2015
video-intallation 27’’
bicanal, blanc et noire, color and sound

     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Zozobra est une installation composée d’une vidéo de 27 minutes (soit huit plans en noir & blanc ou en couleur, avec une piste sonore), projetée sur deux écrans qui se font face. Elle implique l’impossibilité de suivre les deux projections de façon simultanée. Placé au centre des deux écrans, le spectateur est contraint de faire un choix. L’ordre des images qu’il va voir dépend du moment auquel il pénètre dans la salle de projection. Chaque vidéo est décalée de quelques secondes d’une projection à une autre. Chacune est entrecoupée par de « longs » plans, sans images ni sons. Ces interruptions remettent en cause la continuité de ce que je donne à voir, et mettent le spectateur face à un dilemme : rester dans une salle « vide » ou partir, cette confrontation avec lui-même, sans stimulation extérieure, devenant difficilement supportable.

   
   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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